CIVIL WAR O LA ÉPICA ÉTICA DEL POP

¿Cuál es el principal logro de Civil War, la macrosaga definitiva, auspiciada por Marvel y Millar? ¿Su trasfondo político? ¿Su condición de acontecimiento que redefinirá las continuidades marvelitas? ¿Su épica? Todos estos motivos, así independientes, son equivocados. Pero juntos son un poco más acertados. No demasiado: Civil War no es, para empezar, una obra con trasfondo.

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El que se ponga en medio a intentar conciliarlos pilla fijo

Mark Millar es el gran escritor de las superficies. The Ultimates es una obra política con trasfondo de superhéroes. Lo que es en apariencia una obra política, se revela una maravillosa historia de superhéroes. En sus dos primeros números Civil War no juega, aparentemente a contarnos nada y nos fuerza a posicionarnos: Millar está más interesado en que los personajes que creen que están haciendo lo correcto ( o sea todos los SH) disientan por el modo. ¿Pero el fin? ¿Traiciona o transforma el modo de hacer las cosas de un superhombre su finalidad última? ¿Tiene mucho sentido?

Marc Guggenheim, simpático guionista de los capítulos más desprejuiciados y netamente canónicos de CSI: Miami, es el encargado de escribir su Civil War: Lobezno. La elección no sorprende porqué al fin y al cabo Millar es un artista que busca convertir sus tebeos en un objeto pop, según sus reglas. Pero el tebeo sí sorprende: partiendo de la clásica historia de venganza y estando precedidas por citas cultas (que se revelan en su segundo número, toda una declaración de intenciones antes que un guiño) se empeña en llevar la venganza desde lo clásico hasta sus límites morales más ambiguos. Namor (¡y es un segundo número!) ironiza sobre el honor de un asesino como Logan. Pero sólo, para después darle la razón.

Joe Quesada dice que todo se trata de un gran plan. Lo es (merchandising, preludios, epílogos, toda una obra inabarcable). Pero sobretodo Mark Millar no trata de ser un épico. La épica ha muerto: lo interesante de la épica para Millar (y al clímax de los Ultimates me remito) es sus connotaciones y consecuencias éticas. En toda esta batalla del Bien y el Mal, Millar nos recuerda el significado de estar de un lado. No se pone moralista, no aboga por el diálogo: Millar domina a la perfección los iconos que maneja y hasta es capaz de ampliarlos.

Siguiendo la pirueta ensayada por Ultimates, Millar decide volver a jugar con el Capitán América. El público ha llegado a pensar que lo hacía para el sector norteamericano: nada más lejos de la realidad, Millar como buen escocés, toma al Capitán América desde una interpretación coherente pero no habitual. La del guardián de la libertad como defensor de una democracia (la norteamericana tras la Segunda Guerra Mundial) que era la correcta. Ahora, por eso mismo, se opone al registro de mutantes. Pero hay varios matices de interés en este Capitán: representa la democracia y asimismo la individualidad. El registro de los mutantes puede verse de dos formas evidentes: como una medida de eco bushiano o como una medida totalitarista de la derecha. Podemos interpretar el Capitán América como el fantasma de la libertad o como un anarquista de derechas. Al fin y al cabo en la Civil War nadie tiene la razón y Millar no está dispuesto a ofrecernos un alegato antibelicista: sería rídiculo y desvirtuaría completamente las intenciones de Civil War. ¿Cuales son? Con sólo dos números podemos afirmar que Millar pretende, con rotundidad, redefinir otra vez su idea de la batalla y de los que son partícipes. Una idea omnipresente en toda su obra (desde los supervillanos nihilistas y cool de Wanted, pasandos por los mercenarios Authority hasta su versión norteamericana: Los Ultimates) y que aquí reaparece de nuevo. Lo que sabemos es que ya no quedan ni nobles, ni inocentes, ni ingenuos. Todos terminarán pringados.

Alvy Singer

8 Agosto 2007 | Transpop, Reseñas y críticas | Comments

6 Responses to “CIVIL WAR O LA ÉPICA ÉTICA DEL POP”

  1. 1 Mark Millar 10 Agosto 2007 @ 3:04 am

    Por fin Haber Alguien que entender me & my trabaho, Yo mucho contento ahora.Todo mundo dice de mi que soy un pimp macarra pero tu haber sabido ber belleza interior en mi.

  2. 2 Don Lindyhomer 11 Agosto 2007 @ 4:42 am

    Alvy, ni caso, que Infante se ha unido a la sociedad secreta que quiere acabar contigo por tener 19 años y escribir así.

    Porque la has dao, la has dao pero bien. Lo que me parece más novedoso de Millar es precisamente esa capacidad de articular Civil War con verdaderas perspectivas distintas, en dos dimensiones:

    1) juega con lo objetivo y con lo subjetivo. En cuanto a lo subjetivo, es capaz de dotar a los personajes de esquemas de desarrollo moral muy distintos (siguiendo por ejemplo el esquema de Kohlberg de estadios preconvencionales, convencionales y postconvencionales).

    2) Juego simultáneamente con lo universal y lo concreto, lo individual y lo colectivo (y como he dicho antes, en su vertiente objetiva y subjetiva).

    Esto solo con los 7 números centrales. Si tomamos el conjunto de la obra, el projecto afina, y es colosal. Ya solo un hilo es el de la prensa, con lo de frontline.

    Es un puto genio.

  3. 3 Zitiere 12 Agosto 2007 @ 1:46 am

    Don lindy, está usted hecho un filoar groar. Que la juventud tome ejemplo, que otro gayer cantará.

  4. 4 Infantes 12 Agosto 2007 @ 5:53 am

    ja ja ja, sí, yo era Mark Millar, y si ese entrometido de lindyhomer no me hubiera delatado, habría conseguido mis propósitos malignos. Y el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Lindyhomer el primero.
    Una vez desenmascarado, mis respetos para Alvy Singer, desde la más profunda envidia cochina. Y Lindy… arrieros somos.

  5. 5 Infantes 12 Agosto 2007 @ 5:53 am

    (Y en el caminito nos encontraremos)

  6. 6 Lacoste 13 Agosto 2007 @ 5:47 pm

    Yo no soy Mark Millar ni lo quiero ser…

    ah!

    “Dakota Fanning es… Cecile de Volanges!”

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